“La alegría de las pequeñas cosas”: cómo volver a poner el foco en lo bueno de la vida

“La alegría de las pequeñas cosas”: cómo volver a poner el foco en lo bueno de la vida

La periodista británica Hannah Jane Parkinson convierte sus columnas en un libro que rescata el deleite cotidiano por encima de cualquier adversidad. Una propuesta nueva para abrir los ojos, los oídos y el corazón.

Susana  Mitchell

Por Susana Mitchell

Una invitación impostergable a reconciliarse con el mundo: esto es el libro de tapa amarilla, con letras grandes de colores, de la autora inglesa Hannah Jane Parkinson.

Estamos rotos. Reconozcámoslo de una vez. Un poco más, un poco menos. Pero rotos. Medio zombies, ponele. Sin esperanza de que algo cambie para bien. No creemos en nada. No alcanza ni la plata ni el aliento. Insatisfechos. Y viene esta chica de Liverpool, que escribe columnas de puro optimismo en el diario The Guardian, y nos dice: No, pará. Fijate que todavía quedan muchas cosas de las cuales alegrarnos, ¡y son gratis!

Ah, pero que bello, digo. Y trato de conseguir el libro, que después de superar una carrera de obstáculos (porque a mí me gusta el libro papel, ¿viste?) me llega desde la Península Ibérica, junto con un paquete de mis galletitas preferidas (unas de canela, irresistibles con el café). La vida es bella. ¡Sí!

Y tal como le pasó a la autora cuando leyó Delight de J.B. Priestley (la obra que inspiró este libro), leer La alegría de las pequeñas cosas me ayudó y mucho a identificar las pequeñas cosas que me hacen feliz. Son 109 columnas, escritas en primera persona. Cada una aborda alguna de las tantas situaciones que las personas experimentamos a diario y les pone una luz que encandila hasta al más oscuro.

Besar, mirar por la ventana cuando llueve, las sábanas limpias, acariciar un gato o una taza de té. Todas aquellas pequeñas cosas (ya lo dijo Serrat) a las que no le prestamos ni la más mínima atención pero que hacen de nuestra cotidianidad algo más llevadero, si es que logramos conectarnos con ellas.

“Intento obsequiarles esas flores que brotan en el desierto, el destello lila durante el crepúsculo, la suela más cómoda que pudiera tener un zapato. Encontrar en eso una fuente de inspiración para sobrellevar el día a día”, escribe. Cada capítulo es un ensayo, una reflexión, un despertador para no quedarnos dormidos frente a la maravilla que despliega la existencia ante nuestros ojos, seas quien seas, estés donde estés.

“Te acuerdas del mejor beso de tu vida? Pocas cosas hay mejores que un buen beso. (…) Un beso en su máxima expresión fluye, es poesía; es la forma de comunicación más elevada, un lenguaje corporal”. Y uno se queda soñando. Ya con eso te ganaste el día, ¿o no?

Avanzando entre sus páginas encontrás cosas como “son muchos los colores del otoño. Pero la verdadera riqueza reside en las hojas: rojos profundos y naranjas intensos. En otoño las hojas huelen bien, suenan bien y son agradables al tacto”. Y entonces me pregunto: ¿cuánto hace que no levanto una hoja del suelo en otoño? ¿Cuánto hace que no huelo su perfume o pruebo su textura? Mil años.

Uno podría pensar que Hannah Parkinson es medio naif, que anda escribiendo estas cosas por ahí. Pero no. Lejos está de serlo. Cuenta que ha pasado por sucesivos problemas de salud que le quitaron por completo la alegría. En fin, momentos muy duros y difíciles, sobre todo durante la pandemia. Tal vez eso haya sido el disparador para que esta joven de 34 años se decida a barajar y dar de nuevo para intentar encontrarle la vuelta al asunto. Quién sabe.

Lo cierto es que cada página es una propuesta nueva para que abramos los ojos, los oídos y un poquito el corazón. Para que nos reconectemos con el lado luminoso del mundo que nos rodea. Que en definitiva siempre está ahí, solo que nosotros no le damos bola. Dar con la bata perfecta, compartir una noche con amigos, leer un libro en silencio o mirar a los perros que pasean por las plazas “que, a no ser que estén enfermos, los maltraten o estén solos, siempre están felices. O al menos contentos, y en cualquier caso suelen pegártelo”.

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