Aníbal Fernández el Ángel Exterminador

Aníbal Fernández el Ángel Exterminador

Por Lic. Rodolfo Florido

Porqué dijo… “Las calles van a estar regadas de sangre y de muertos” si la oposición gana las elecciones.

¿Por qué lo dijo?

Aníbal sabía perfectamente lo que provocaría su expresión. No hay ninguna superficialidad ni falta de cálculo ni una obvia y estúpida provocación. Aníbal Fernández sabe perfectamente hacia donde se dirige y en este espacio lo decodificaremos. O sea, Aníbal Fernández sabía lo que iba a decir antes de decirlo y eligió el lugar y la hora para decirlo (C5N y el Gato Sylvestre). No hubo ninguna improvisación ni exabrupto provocado por discusión alguna.

¿A quién y para que se lo dijo?

En la Argentina hay 43% de pobres y un poco más del 10% de indigentes. El total suma del orden de los 23 millones de argentinos en estado de desamparo. Pero a ellos, Aníbal Fernández,  no les habló. Dentro de 8 meses cuando cambie el signo político del Gobierno, un porcentaje de esos 23 millones de angustiados tendrán el potencial de hacer cualquier cosa si el dinero es suficiente para disminuir la incertidumbre del hambre por unos días. Militancias, punteros barriales y mercenarias barras bravas harán lo suyo.

Eso es parte de la decodificación del mensaje. La otra parte es…

¿Qué es lo que le dice a la oposición?

Les dice… ese es el escenario que les espera sino establecen los puentes para sobrellevar la crisis. Si no hay diálogo, habrá piedras y saqueos. En otras y más claras palabras, Aníbal Fernández quiere influir de manera directa en el tipo de opositor que prefieren, o sea, alguien débil, influenciable, absorbido en mecanismos de diálogo sin mayor destino que la supervivencia antes que la transformación.

¿Por qué lo dice él y no algún candidato con reales expectativas de poder?

Primero porque no existe un candidato/a con expectativas reales de triunfar y si expresaran lo mismo, conspiraría contra sus escasas oportunidades de crecimiento. Muchos cargos ejecutivos y legislativos están en juego para arriesgarlos en un presunto exabrupto calculado.

Él, Aníbal Fernández, en cambio, es un outsider dentro del sistema, útil para todos los integrantes del Frente de Todos, sean estos, Albertistas, Massistas, Sciolistas, Camporistas o Cristikirchneristas. Si hay algo que el peronismo sufre, en sus distintas vertientes ideológicas, es el síndrome de abstinencia del Poder. Los modos, las formas o la sangre que se derrame, nunca fueron un límite que no estén dispuestos a transgredir. Los famosos 70 y sus tránsitos, entre la extrema derecha peronista de la triple AAA (López Rega – Almirón Villar, la izquierda pro cubana montonera (Firmenich – Vaca Narvaja o la derecha corporativista montonera nacionalista  (Rodolfo Galimberti) muestran que prefieren transitar la muerte y la violencia aunque los riesgos del destino alcanzado sean peores que el tránsito de la violencia generada.

¿Por qué lo dijo ahora?

Porque como no pueden explicar el silencio y la inacción más absoluta ante el crecimiento brutal de la pobreza y la caída vertical de los salarios y su poder de compra, tienen que duplicar el volumen lingüístico de la amenaza para hacer más creíble el silencio y la inacción de 4 años. Ni un Paro General de la CGT, ni un paro docente de la matriz Roberto Baradel  que en la Provincia de Buenos Aires nos tenía acostumbrados, ni un saqueo aunque el hambre sea una constante para 23 millones de argentinos, etc., etc., etc.

Todo esto hay que analizar y tener en cuenta para entender la verdadera dimensión de los dichos de Aníbal Fernández. Menospreciarlo y reducir lo dicho a la categoría de exabrupto es no comprender la matriz del infierno o el huevo de la serpiente que está detrás de las palabras y de sus seguidores.

Sobre todo para aquellos que ven amenazadas sus cómodas poltronas del Poder o los fanáticos justificadores de cualquier expresión que los devuelva al sueño de Cristina en el Poder. Así, el peligro de esta frase, no el contenido de ella, sino la matriz que la pensó, eligió el lugar y el día para decirla y sopesó los efectos que tendría. No es una amenaza; es el anuncio de una certeza para que el miedo opere sobre la sociedad y para aquellos políticos que piensen que se puede dialogar con un adicto cuando este está transitando la abstinencia.

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