LA CALMA APARENTE Y EL MOMENTO DE ACTUAR
Por
Francisco Sánchez
Ex Diputado Nacional por Neuquén
Los incendios recientes en Chubut volvieron a poner la cuestión mapuche en debate. El gobierno insinuó la posible participación de grupos radicalizados, y esa sospecha, aun sin respaldo firme, dice mucho del clima que se fue construyendo durante años. Que semejante hipótesis resulte plausible para parte de la sociedad muestra que el Estado permitió que determinados actores adquirieran una reputación de violencia posible.
Pero una mirada más fría obliga a relativizar esa versión. Los actos terroristas se construyen para ser vistos y generar terror explícito. Si el objetivo hubiera sido aterrorizar o reivindicarse políticamente, ya lo sabríamos. Hasta ahora no hubo comunicados, firmas ni adjudicación de responsabilidad. Entonces el problema es otro, la incertidumbre. Un Estado que duda, acusa sin certeza o especula sin datos, sin detenciones, no controla la narrativa, y que eso ocurra en un tema tan delicado es, en sí mismo, un síntoma de debilidad institucional.
Esa incertidumbre convive con un hecho más profundo: en la Patagonia la conflictividad jamás se apagó. En Villa Mascardi, Villa La Angostura, Pehuenia, Añelo, Tratayén y otras zonas siguen presentes usurpaciones, amenazas y delitos que no llegan al debate nacional. Para esos vecinos, el conflicto no está dormido, simplemente no está en los titulares.
Al mismo tiempo, el contexto regional agrega presión. Con el triunfo de José Antonio Kast en Chile, la Araucanía, epicentro del accionar violento de grupos radicalizados bajo banderas mapuches, debería pasar a ser el foco de una política estatal más firme y sostenida. Si del otro lado de la cordillera se cierran espacios, parte de la conflictividad puede desplazarse hacia la Argentina. Eso ya ocurrió en el pasado y puede volver a suceder si no actuamos con previsión.
A esto se suma la detención de Facundo Jones Huala que dejó a las agrupaciones más violentas sin conducción visible.
La falta de liderazgo genera dispersión, pero también una oportunidad. Sin una figura unificadora, estos grupos son más vulnerables a la desarticulación judicial, policial y administrativa. En términos de seguridad, este es probablemente el mejor momento en años para reducir su capacidad operativa.
Todo esto exige pasar del reflejo al plan. Y hoy la Argentina carece de una política integral. El gobierno nacional elevó el costo de la violencia; los gobiernos provinciales prefieren administrar el conflicto antes que enfrentarlo. Ambos caminos pueden funcionar un tiempo, pero si no hay estrategia, la calma se convierte en engaño.
La combinación de incendios sin explicación certera, liderazgo desarticulado y reacomodamiento político en Chile son un problema grave, pero a la vez una oportunidad si se toman decisiones firmes sin barrer bajo la alfombra. Y lo que define a un Estado serio no es su respuesta cuando el conflicto ya estalla, sino su capacidad de ordenar la casa cuando todavía hay tiempo.
Para lograrlo, tres medidas son imprescindibles:
Derogar definitivamente la Ley 26.160 para cerrar la etapa de emergencia perpetua y restablecer un marco único.
Crear una secretaría de coordinación estratégica en Jefatura de Gabinete que integre INAI, Seguridad, Justicia, Cancillería, Energía, Recursos Naturales y provincias.
Formar un área específica de defensa de víctimas en el Ministerio de Justicia que acompañe jurídicamente, promueva querellas y asegure que la ley vuelva a valer igual para todos. Fundamental para garantizar la propiedad privada.
Sin eso, la calma será apenas una pausa. Con eso, puede ser el principio del final de un conflicto que hace demasiado tiempo se tolera como inevitable.
Francisco Sánchez
Ex Diputado Nacional por Neuquén

