La Ciudad avanza contra el “vapeo”
La Ciudad de Buenos Aires se encamina a prohibir de manera total el uso de cigarrillos electrónicos y vapeadores en todos los espacios cerrados de acceso público. El proyecto de ley, presentado en la Legislatura porteña por la diputada Graciela Ocaña, busca poner fin al vacío legal que rodea a estos dispositivos y equiparar sus restricciones a las que rigen para el tabaco convencional desde 2005.
De aprobarse la iniciativa, el “vapeo” quedará prohibido en edificios públicos, oficinas administrativas, centros de salud y establecimientos educativos. Y también en bares, restaurantes, cines, teatros, shoppings y transporte público.
La reforma modificará la Ley porteña N° 1799 de control de tabaco, extendiendo el concepto de “ambientes libres de humo” a las emisiones generadas por los dispositivos electrónicos, protegiendo así a los transeúntes y clientes del impacto de los vapores residuales.
Además el proyecto aborda dos ejes centrales: la regulación fiscal y la concientización social.
En el plano económico, la propuesta plantea que se apliquen impuestos a los vapeadores como los que se les aplican a los cigarrillos convencionales.
Por otro lado, el Capítulo V del proyecto obliga a la Autoridad de Aplicación a realizar como mínimo una campaña anual de información pública basada en evidencia científica. El objetivo es concientizar sobre los riesgos a la salud y contrarrestar las estrategias de marketing en redes sociales que apuntan a los consumidores más jóvenes.
Este último punto encuentra respaldo en las recientes alertas emitidas por la Organización Mundial de la Salud, la Sociedad Argentina de Pediatría y la Sociedad Argentina de Cardiología. Todas estas organizaciones advierten que el cigarrillo electrónico no es inocuo y contiene sustancias potencialmente cancerígenas. Asimismo, diversos estudios clínicos demuestran que el vapeo opera frecuentemente como una “puerta de entrada” a la adicción, señalando que los adolescentes que se inician en estos dispositivos suelen migrar hacia el consumo de tabaco convencional en un plazo de 12 a 18 meses.

