Valentín Alsina: El fuego los dejó sin nada y reclaman justicia
El martes 24 de febrero, un enorme incendio destruyó una fábrica de telas que ocupaba toda una manzana en Lanús oeste. Más de 120 bomberos trabajaron para controlar el fuego en la intersección de las calles Ruchi y Liniers, en Valentín Alsina, pero las consecuencias para los vecinos fueron trágicas.
Ese día, puntualmente, empezó el derrotero y la pesadilla de dos familias que vivían en casas linderas a la fábrica. Se quedaron literalmente sin casa. Lo que agrava aún más la situación es que ambas familias tienen hijos. Una de ellas tiene una nena discapacitada que tuvo que ser asistida el día del incendio por inhalación de humo. En la denuncia este punto es un motor para que se investiguen a fondo las responsabilidades penales del siniestro por lesiones culposas.
El fondo de ambas casas comparte medianera con la textil “Tejidos Catamarca”, que quedó convertida en ruinas. Las viviendas presentan ahora todo tipo de grietas y tienen peligro de derrumbe, lo que las vuelve inhabitables. Se dilataron las paredes, se fisuraron y pasó agua de los bomberos por todos lados. Perdieron todo.
Desde ese día, hace ya casi 3 semanas, esas dos familias están alojadas en un hotel donde sólo pueden dormir: no tienen cocina, ni lavarropas, ni nada que se asemeje a la vida normal de una familia con chicos.
“La fábrica no tiene miras de brindarles ninguna solución. Al principio quisieron meter gente de prepo a hacer obras que no estaban autorizadas, sin presentar planos de obra, sin profesionales matriculados. Ahora quieren empezar refacciones sobre la medianera que tiene peligro de derrumbe”, resume Daniel Lorizzo, abogado de las víctimas. Para colmo, se supo después que la empresa no tenía seguro contra incendio y que entre el día del siniestro y las pericias desaparecieron varias pruebas que podían ayudar a desentrañar qué factores desencadenaron el fuego.
Las dos casas deben ser demolidas y luego, reconstruidas. Pero nadie les da una respuesta a sus dueños, que no sólo se quedaron sin nada sino que tampoco tienen ningún tipo de certeza de cuándo van a poder volver a su vida cotidiana.
“Estamos desalojados, nadie se acercó”. dice Yamila, que debe ocuparse de su hija discapacitada como puede, lejos de las comodidades de su hogar.
El dato que resume todo trae indignación: el intendente de Lanús recibió rápidamente a los propietarios de la fábrica, pero a las familias vecinas hace semanas que nadie las escucha..

