Ser de clase media, cada vez más difícil
Vivir cada vez cuesta más caro y sostenerse en un nivel social empieza a ser una utopía de muchos. Según el último reporte del Instituto de Estadística y Censos porteño, un hogar tipo integrado por dos adultos y dos menores necesitó percibir ingresos de al menos $2.450.044,54 durante mayo para ser considerado formalmente dentro de la clase media.
Si bien el Gobierno se prepara para festejar esta semana el segundo índice mensual consecutivo de baja de la inflación, la realidad de los bolsillos de la gente, golpeada por los bajos sueldos, no mejora.
El informe del organismo porteño determina que el rango para ser clase media pura se ubica entre el piso de $2.450.044 y un límite de $7.840.142,51 mensuales; quienes superan este último techo pasan a ser clasificados como “sectores acomodados”. Un dato clave de la metodología estatal es que estas cifras toman como referencia a una familia propietaria de su vivienda, por lo que el requerimiento económico es sustancialmente mayor para quienes deben afrontar un alquiler.
Para no ser indigente, es decir, para cubrir exclusivamente la canasta básica alimentaria, se necesitaron ingresos por $844.146. Para no quedar bajo la línea de pobreza, se requirieron $1.549.225. Si se gana más de esa cifra y hasta $1.960.035,62 se integra el sector de “no pobres vulnerables”, mientras que si se perciben entre $1.960.035,63 y $2.450.044,53 una familia se ubica en el sector medio frágil.
Lo que queda claro es que con la suba de tarifas de servicios públicos y transporte y la escalada constante de los alimentos, por más que una familia tenga la suerte de tener una vivienda propia y trabajo estable, pertenecer y permanecer en la clase media se vuelve cada vez más difícil.

