La pesadilla de tomar un colectivo: menos frecuencia y caos en las paradas
Tomarse un colectivo en Buenos Aires se transformó en un ejercicio de paciencia y estoicismo. Es que, finalmente, las empresas de transporte cumplieron con su amenaza y a partir de hoy empezaron a reducir drásticamente sus frecuencias en protesta por la falta de subsidios ante el aumento del precio del gasoil.
En la mañana de este martes se pudieron ver larguísimas colas, pasajeros que esperaban más de 40 minutos un colectivo y unidades que llegaban abarrotadas de gente y salían aún peor.
El impacto fue incluso más severo en el segundo y tercer cordón del conurbano, donde el colectivo es el único nexo con las estaciones de tren y los centros de transbordo.
El detonante principal es el encarecimiento del gasoil, que aumentó hasta un 25% en el último mes. Al no haber una actualización inmediata en el esquema de subsidios ni en el valor del boleto que compense este salto, las cámaras empresariales aseguran que “no cuentan con los recursos” para cargar combustible en la totalidad de la flota.
“No es una medida de fuerza, es una imposibilidad operativa. Si no podemos pagar el gasoil, los coches no salen”, advirtieron desde el sector.
En el Gobierno calificaron la decisión de reducir las frecuencias como una extorsión y el diálogo parece trabado en ese punto. Mientras la Secretaría de Transporte sostiene que aplicará multas, desde las empresas afirman que no van a volver a sacar todas sus unidades a la calle porque no tienen cómo hacerlo.
Mientras tanto, como siempre, los que pagan los platos rotos son los pasajeros. Quien antes salía a las 7, ahora deberá salir 6.30 para calcular la espera. Otro efecto de la crisis: viajar al trabajo o a estudiar, es cada vez más caro y más difícil.

